Pravia
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Por
su situación geográfica, muy próxima al mar y en la confluencia de
los dos grandes ríos asturianos: Nalón y Narcea, el concejo de Pravia
es uno de los más atractivos de la región. Paisaje, historia, gastronomía,
se conjugan con un clima suave y con condiciones orográficas de media
montaña para dar al visitante posibilidades de disfrute y diversión.
Los ríos y montes pravianos permiten la práctica de numerosos deportes:
piragüismo, pesca y parapente, bicicleta de montaña, caza o senderismo
son alguno de ellos. Vaias edificaciones merecen una detenida visita
en el concejo de Pravia: la Colegiata de Santa María La Mayor, El
Palacio de Moutas, Palacio de Inclán y capilla de la Virgen del Valle.
Se celebran durante el año dos jornadas gastronómicas de especial
mención: Las Jornadas gastronómicas de la Huerta (agosto) y las Jornadas
de les fabes, Kiwi y miel (noviembre). |
HISTORIA DE PRAVIA
Lo estratégico de su localización geográfica
determinó desde los inicios de la historia el temprano poblamiento de
la comarca, como testimonian los restos arqueológicos de culturas prehistóricas
y protohistóricas. La época castreña está muy bien
representada: Pico El Castro (Arango), El Cogollo (Agones), Las Cogollas (Selgas),
El Castiello (Loro) y el más importante de todos: Doña Palla,
en Peñaullán, defendiendo el curso del Nalón.
Durante la época romana estuvo habitado por los paesicos , pueblo astur
asentado al oeste del Narcea. La romanización fue intensa y para muchos
historiadores Pravia podría ser la Flavium Avia del emperador Flavio
Vespasiano, que cita Ptolomeo en su Geographia. Hallazgos importantes son la
estela romana de Los Cabos (Museo Arqueológico de Oviedo) que representa
a un hombre togado, restos de villas en Santianes y Peñaullán,
y la calzada romana que unía el Camino Real de la Mesa y la vía
de la costa, y del que se conserva un tramo de empedrado medieval sobre el
primitivo trazado romano, en Bances. A comienzos de la Edad Media, Silo, sexto
rey de la monarquía asturiana, traslada la corte desde Cangas de Onís
a Pravia y la convierte en capital del pequeño e incipiente reino astur.
De su reinado entre los años 774 y 783 se conserva la iglesia de San
Juan de Santianes, preludio del arte prerrománico asturian.
La fundación de la «pola» de Pravia es del siglo XIII. La
carta puebla, otorgada por Fernando III el Santo hacia 1240, permitió el
levantamiento de la cerca o muralla y concedió a la villa y a sus habitantes
privilegios reales. Desde este momento Pravia fue un importante foco mercantil
y comercial cuya prosperidad siempre estuvo unida a la navegabilidad del Nalón
y a las rentas generadas por la pesca del salmón. La villa conserva
de esta época el trazado viario de su casco histórico que traduce
la forma circular de la muralla, hoy desaparecida. Las calles de la Victoria
y Nueva, la plaza de las Madreñas o la calle de las Huertas son callejuelas
estrechas que conservan el encanto del caserío tradicional y la nobleza
de las casonas de los siglos XVII y XVIII.
Del siglo XVI son la imagen y el retablo de Nuestra Señora del Valle,
ambos de barro cocido y que llevan el sello del Renacimiento italiano. De la
segunda mitad del mismo siglo data la Casa del Busto, levantada contra la muralla
y su capilla, el edificio más antiguo de la villa.
El siglo XVIII va a dejar también su impronta en el urbanismo praviano.
La Colegiata, el palacio de Moutas y las Casas de los Canónigos constituyen
el conjunto monumental más importante y son una de las mejores muestras
del barroco regional. El Ayuntamiento, la Casa de Valdés y otros edificios
nobles nos dan idea de la importancia que como villa noble y clerical alcanza
en el siglo XVIII. En este momento, las estructuras urbanas ya estaban plenamente
configuradas.
El siglo XIX y los primeros años del siglo XX suponen la última
etapa del crecimiento urbano que desarrolla sobre el solar del primitivo convento,
origen de la villa, la Plaza del Conde de Guadalhorce, que conserva un conjunto
bastante homogéneo de edificaciones de estos siglos.