Proaza
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Este concejo presenta una topografía muy montañosa y accidentada, con alturas que sobrepasan los mil metros, en las estribaciones de las sierras de la Sobia, el Aramo y la Tameza. Por su parte los ríos Teverga y Trubia conforman angostos valles y estrechas gargantas que dan un toque mágico a la belleza paisajística. Pueblos de gran belleza e historia como Proacina y Bandujo (aquí podremos visitar un claro ejemplo de fortaleza medieval), con numerosas aldeas, así como los atractivos que presenta tanto la ruta como la Casa del Oso, creada para la protección de uno de los animales más característicos de la fauna Asturiana y en peligro de estinción, son dignos de ser visitados. No podemos olvidarnos tampoco de su gastronomía donde destaca su pote de nabos. Grandes manchas de arbolado autóctono hace de él un lugar para las excursiones.
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Del
periodo más antiguo de la Prehistoria, el Paleolítico, son
los primeros vestigios históricos de Proaza. Sin embargo, la mayoría
de los restos pertenecientes a dicha época no son la consecuencia
de un trabajo sistemático sobre un yacimiento; se trata, en realidad,
de hallazgos desligados, vinculados a la elaboración de utensilios
de piedra. El inventario de José Manuel González registra tres
lascas y un núcleo, de cronología imprecisa, descubiertos en
la parroquia de Samartín: concretamente, en Los Teyeros, en El Castrillón
y en las proximidades de Samartín. La reciente carta arqueológica
de Proaza, que aumenta de forma notable la relación de yacimientos
prehistóricos municipales, recoge el descubrimiento de una lasca en
las inmediaciones de Bustiellu y de dos grupo de núcleos y lascas
en Valdearenas y Caranga de Arriba. «En la Cueva, cerca de la capital,
aparecieron restos de talla y láminas asociadas a restos óseos
y de carbones» (Xosé Firmu García Cosío).
Del periodo siguiente al proceso de neolitización perduran nueve túmulos,
uno de ellos en el collado de Canal Seca, divisoria con el municipio de Quirós;
los ocho restantes se localizan en la sierra de Tameza: así, La Cruz tiene
un túmulo; el Lago de la Barrera, dos; Puertos de Sograndio, tres, y Ranón,
dos.
La Edad de Hierro y tal vez la romanización —etapa esta última
pendiente aún de excavación arqueológica— legaron
cuatro asentamientos castreños; José Manuel González registró los
de L'Arbeal, en Serandi, y El Picu'l Castiellu, en Traspeña, mientras
la carta arqueológica de Proaza, realizada por S. Ríos, inventarió el
castro de Bustiello, en Traspeña, y El Picu'l Castru, en Proacina. El
hallazgo en Bandujo de un as, moneda romana de bronce de tiempos de Augusto,
es, asimismo, indicio de andanzas romanas por este término.
En cuanto a la posible presencia humana con carácter permanente en el
concejo antes del dominio romano, Magín Berenguer afirma que a Proaza
puede aplicársele la misma tónica observada en territorios lindantes.
El pueblo que lo moraba se dedicaba, fundamentalmente, al pastoreo. Este tradicional
sistema de vida sobrevivió al transcurso de los siglos y dejó su
impronta hasta hace pocas centurias en el lenguaje, la vestimenta y las creencias
de carácter pagano.
Se tiene constancia de la Villa Gaudiosa , establecida
en la periferia de la villa de Proaza, de datación tardorromana o altomedieval.
Las siguientes noticias relativas al actual concejo corresponden ya a la alta
Edad Media, fase histórica durante la cual es alto el protagonismo estratégico
municipal en materia de comunicaciones entre el centro de Asturias, próximo
a él, y la Meseta, de cuyo valor son testimonio las numerosas torres medievales
asentadas en su solar. Todavía quedan trechos de la calzada correspondiente
a un ramal de unión con el vetustísimo camino de La Mesa.
Las crónicas astures narran el episodio ocurrido a comienzos del reino
asturiano; en el año 722, después de la derrota árabe en
la batalla de Covadonga, el gobernador musulmán Munuza, establecido en
Gijón, quiso abandonar la región por el valle del Trubia, buscando
la salida por la calzada o camín de
La Mesa; intento frustrado al ser víctima de una emboscada y morir en Olalies ,
lugar que algunos identifican con Proaza o sus cercanías, algo que luego
el profesor J. I. Ruiz de la Peña ha cuestionado.
La documentación medieval se extiende en referencias a distintos lugares
del concejo; una muestra de ello es la alusión a Uandugio (Bandujo), Pruazia y Caranga en
la donación efectuada por el obispo Gladila a la iglesia de Trubia en
el año 863.
Proaza fue al comienzo un concejo de abadengo, perteneciente a la Iglesia ovetense,
desde su otorgamiento por Alfonso VI, a consecuencia de la cual, y a partir de
entonces, ostentó la condición de concejo de obispalía,
hasta Felipe II, incorporando las villas de Traspeña y Bandujo, que venían
constituyendo desde el año 912 una behetría, es decir, una población
cuyos vecinos, como dueños absolutos de la misma, podían elegir
como señor a quien quisiesen. En ese intervalo de tiempo asiste a una
de las insurrecciones del conde asturiano Gonzalo Peláez, afincado en
el castillo de Proaza, contra el rey Alfonso VII, y a los conflictos jurisdiccionales
nacidos del intento de Enrique II por ceder algunos dominios del obispo a un
hijo bastardo, el conde don Alfonso. Con la desamortización eclesiástica
decretada durante el reinado Felipe II, los vecinos de Proaza se liberan del
yugo eclesiástico por compra realizada el 16 de julio de 1581, constituyendo
Ayuntamiento e ingresando de inmediato en la Junta General. Los cotos señoriales
de Llendelafaya y Linares no entraron a formar parte del mismo hasta 1827, fecha
de su incorporación definitiva. Con la Constitución liberal 1812
fue posible que, a propuesta de los propios vecinos, Sograndio y Traspeña,
junto con las parroquias de Caranga y Proacina —ambas históricamente
vinculadas a Santo Adriano—, constituyesen un efímero Ayuntamiento,
con capital en Proacina, vigente sólo hasta 1814, año de retorno
al absolutismo de Fernando VII. El 16 de junio de 1859, las dos parroquias antes
citadas (Caranga y Proacina) acabaron por engrosar el concejo de Proaza.
«En el siglo XX el concejo ha continuado su papel de lugar de paso: del
ferrocarril que unía las minas de Quirós con la fábrica
de Trubia y, también, del carbón tevergano, para cuya extracción
aportó, así mismo, mano de obra. La construcción de la central
eléctrica en los años sesenta constituyó un hecho de trascendencia
en la vida económica» (Xosé Firmu García Cosío).
Hoy Proaza tiene en el solitario edificio de las antiguas escuelas de la localidad
de Caranga de Abajo —concretamente, en el cruce con la carretera de Teverga— la
sede de las oficinas de la Mancomunidad de los Valles del Oso, que comprende,
además, los términos municipales de Quirós, Santo Adriano
y Teverga.