Villa de Grado - Asturias - España

Santianes de Pravia

El traslado de la corte a Pravia

La Albeldense cuenta que Silo, una vez que "recibió el reino, asentó su trono [solium] en Pravia". Parece éste un nuevo intento de alejar la corte de Cangas de Onís, población que muy posiblemente había quedado ya en una posición excéntrica ante la expansión vivida por el Reino de Asturias en los reinados precedentes, y alejada, además, de las principales vías de comunicación con el sur y el oeste. Si Fruela ya había tentado de establecerse en Oviedo por su buena situación con respecto a las principales rutas viarias, Pravia reunía también unas magníficas condiciones geográficas en ese sentido. Próxima a la costa, en el fondo de la ría que formaba el Nalón, estaba situada en el tramo final de la vía de La Mesa, importante infraestructura viaria de la época romana que comunicaba el centro de Asturias con Astorga, la antigua capital de Asturia. A poco más de diez kilómetros al sur de Pravia pasaba otra importante calzada también de origen romano, la que iba desde Lucus Asturum (Lugo de Llanera) a Lucus Augusti (Lugo de Galicia). El punto de encuentro entre las dos vías debía de encontrarse en el lugar hoy conocido como Casas del Puente, muy cerca de Cornellana, donde se conservan los cimientos de un gran pilar en medio del río Narcea, y cuyo nombre es bien significativo de la existencia en tiempos pasados de un puente.

En el traslado de la corte a Pravia no se sabe si primaron razones estratégicas u otras de carácter personal, o bien hubo una conjunción de ambas. En el primer caso, aparte de su buena situación geográfica, se plantea la pregunta de por qué primó Pravia sobre otras localidades posibles como Gijón y Lucus Asturum. El caso de Gijón resulta sorprendente ya que la ciudad contaba con unas sólidas murallas que se debían conservar en muy buen estado y también se hallaba bien comunicada y en el área central. Alguna vez se ha dejado entrever que el hecho de haber servido de sede al gobierno musulmán de Munnuza en los primeros años tras la conquista y el posible colaboracionismo de sus habitantes con los invasores pudo contribuir a su ostracismo posterior. Tal opinión no pasa del terreno de la hipótesis y ninguna información objetiva permite sostenerla. Más bien se puede pensar que la invasión musulmana supuso el golpe definitivo a su papel como centro comercial distribuidor y de tránsito de mercancías hacia los territorios del sur, lo que agudizó la crisis que ya parece se dejaba sentir en los tiempos finales de la dominación visigoda. Tras su ocupación por los musulmanes y posterior abandono, Gijón no debió recuperar su pulso económico y quedó prácticamente deshabitada o, a lo más, reducida su economía a una actividad pesquera de corto alcance. Pudo también influir un factor psicológico, como apunta Juan Uría Ríu con respecto a la elección de Oviedo sobre Lucus Asturum: "Lucus es el poblado importante de un pueblo vencido, mientras que Oviedo era la capital de un pueblo vencedor" ("Cuestiones histórico-arqueológicas relativas a la Ciudad de Oviedo de los siglos VIII al X", en Symposium sobre cultura asturiana de la Alta Edad Media).

Pravia también ofrecía, a lo que parece, un pasado romano, pues es muy posible que, como ha señalado José Manuel González, Pravia fuera la antigua ciudad romana denominada Flavionavía (Flavium Avia). En un reducido espacio en torno a Pravia y Santianes se conoce una posible villa romana en la Magdalena de la Llera, la estela de un personaje togado en Los Cabos y monedas romanas y otros objetos se hallaron en el entorno del castro de Doña Palla. Desde luego, en su elección no parecen haber primado criterios defensivos, ya que salvo la barrera que podía constituir el río Nalón -defendido además por el citado castro de Doña Palla y el de San Martín de Soto del Barco- ante un posible ataque desde el oriente, no disponía de unas condiciones naturales orográficas muy favorables a la defensa. Pero en esos momentos el enemigo musulmán se encontraba muy lejos y no parecía eminente el peligro de un ataque, lo que abona la idea de que fueron otras las razones de su elección.

También se ha apuntado la posibilidad de que Silo fuera un magnate gallego o un jefe territorial del noreste de la región gallega, presunción que se apoya en la donación que hizo a unos monjes de unas tierras entre los ríos Eo y Masma, que pertenecerían a su patrimonio personal. Sin embargo, Isabel Torrente ("Sedes regias de la monarquía asturiana") niega ese supuesto, pues en la donación [ver recuadro] no se afirma que las poseyera a título hereditario. Sugiere, en cambio, esta autora que Silo pudiera pertenecer a un grupo familiar con posesiones y autoridad en la zona de Pravia, en lo que había sido territorio de los pésicos. A esta misma propuesta se suma Mª Jesús Suárez ("La monarquía asturiana. Nuevas perspectivas de interpretación", en la época de la monarquía asturiana), que añade que en la zona de Pravia "pudo haber funcionado un núcleo de poder en principio independiente de Cangas y que para la unión de ambos resultó decisivo el casamiento de Silo con la nieta de Pelayo".

Es insostenible que la zona de Pravia se hubiera mantenido autónoma hasta entonces y que en ese momento se integrara en el Reino de Asturias. Por otra parte, fuera de la elección de Pravia como residencia del trono, que se justifica por razones estratégicas y geográficas, ningún otro indicio vincula a Silo con esta tierra. El matrimonio de Silo y Adosinda tiene otras motivaciones, como vamos a ver. Además, desde el reinado de Alfonso I es innegable la extensión de la frontera occidental del Reino hasta las tierras del norte de Galicia, al menos por la parte litoral de la actual provincia de Lugo, y que Fruela amplió su dominio hasta el Miño, comprendiendo ya gran parte de Galicia, lo que no fue óbice para que esa provincia tratara de liberarse y se rebelara contra esa sujeción, como de hecho lo hará durante el reinado de Silo.

Silo era con más probabilidad un gran propietario en la zona del noreste de Lugo, como demuestra el documento de donación del lugar de Lucis reproducido en recuadro. El detalle con el que se describe y delimita el territorio donado revela una gran conocimiento del mismo. Hay mención, incluso, a un mojón hincado en un monte, varios ríos y arroyos por su nombre, dos lagunas, nombres de montes.... precisiones que no son las habituales cuando se trata de un territorio que pertenecía a la corona o tesoro público y no al patrimonio familiar del donante y además muy próximo. Compárese, por ejemplo, con la donación que en 883 realiza el rey Alfonso III del villar de Cerredo (Cerritum), en el lugar de Borres (Uaorres), en el commiso de Tineo (Tinegio), en el que de forma genérica se describe su extensión "por todos sus límites", y lo mismo ocurre con la donación de la iglesia y villa de Tiñana realizada por el mismo Alfonso III en 869, que pertenecía a su patrimonio familiar -había sido propiedad del rey Pelayo, como ya se contó-, en la que también se alude a "todos sus límites y con todas sus dependencias sin entrar en detalles que obviamente desconocía el rey Alfonso III. En el caso de la donación de Silo, aparte de la detallada toponimia del lugar, se alude al "cellario", del latín cellarium, almacén de provisiones, despensa o granero, donde posiblemente se guardaban las rentas en especie que Silo recibiría de sus colonos en la zona. Y se menciona la villa en la que "habitó nuestro colmenero Espasando", lo que creemos confirma aun más que Silo había vivido o pasado buenas temporadas en ese lugar o en sus proximidades. El colmenero Espasando era el encargado de proporcionar a su señor la miel necesaria para su alimentación, artículo de primera necesidad en ese momento, ya que era el único edulcorante que existía, lo que le hacía extremadamente valioso. También le proporcionaría cera, otra sustancia fundamental para el culto y la iluminación. Es impensable que si Silo fuese un gran señor de la zona de Pravia tuviera a su colmenero a casi 100 kilómetros de distancia. En el paisaje de esa época, en el que todavía no se había dejado sentir de forma traumática la intervención humana, las abejas encontraban buenas condiciones para producir su miel y reproducirse en todas las zonas, hasta en la cueva de Covadonga, como bien señalaban las fuentes árabes.

El matrimonio de Silo con Adosinda no perseguía incorporar la zona de Pravia al Reino de Asturias. Como ya dijimos, se celebró con casi total seguridad durante el reinado de Aurelio, y con él se buscaba reforzar con alguien poderoso -un gran propietario no sólo tenía tierras, movilizaba hombres y armas- el linaje de Pelayo, que había quedado en situación delicada tras el asesinato de Fruela I. Sin hijos Adosinda debía buscar el modo de recuperar el trono para su sobrino Alfonso, al cual hubo que alejar de la corte tras el asesinato de su padre. Su educación había sido confiada a los monjes de San Julián de Samos, favorecidos por su padre Fruela, no se sabe si por apartarlo del peligro que representaba la corte en aquel momento o para quitarlo definitivamente del camino de la sucesión encaminándole hacia la vida religiosa. Silo, creemos, fue un valedor de la causa de Adosinda y de su familia, y procedía del oriente gallego, y trasladó la corte a Pravia buscando un lugar mejor situado, más próximo a lo que eran sus posesiones territoriales y de una de las posibles fuentes de conflicto para el Reino, y alejado del ambiente hostil de Cangas de Onís. Porque como demuestra el derrocamiento posterior de Alfonso a su muerte, la disputa por el trono ástur no fue precisamente pacífica.

Cuando la Albeldense dice que Silo instaló su trono en Pravia, hay que suponer que con él iría todo el séquito y comitiva que componía la corte en ese momento. En primer lugar, los reyes y su familia, y con ellos los magnates u oficiales de "palacio", a los que hace referencia la Crónica de Alfonso III en varias ocasiones, pero sin detallar su composición. Además, la guardia real, todos los funcionarios de la incipiente administración del Reino (notario, escribas, jueces, sayón ... ) y los servidores de la casa real, desde el mayordomo al encargado de las cuadras. De las construcciones llevadas a cabo en la nueva corte se ha conservado, en parte, la iglesia de San Juan apóstol y evangelista de Santianes, de la que una original inscripción que más adelante estudiaremos, nos ha dejado el testimonio de la intervención real en su construcción. "Más abajo de la iglesia de Santianes, como un tiro de piedra entre Oriente y mediodía en lo bajo del valle de Posada inmediato al río Grande [el Nalón], donde llaman Palacio", según noticia que recogió Antonio Juan de Bances y Valdés -destacado erudito local, colaborador del Diccionario geográfico-histórico del canónigo ovetense y director de la Academia de la Historia, F. Martínez Marina, para el que terminó de redactar en 1806 la monografía del concejo de Pravia-, se "encuentran cimientos y otros vestigios de grandes edificios... Todos dicen fueron aquí los Palacios del rey Silo; puede ser lo fuesen quando ya Rey.. y después monasterio, el de Llera". Tal palacio sería poco más que una confortable villa rural, donde se aprovecharían de las cosechas obtenidas en los terrenos circundantes, la pesca del río y la caza del entorno, como al parecer hacían los reyes merovingios.

La madre de Silo y la paz con los árabes

Cinco frases dedica la Crónica Albeldense al reinado de Silo que transcurrió a lo largo de nueve años y un mes, entre el 774 y el 783. Una de ellas ha dado pie a todo tipo de especulaciones sin que ninguna haya resuelto, hasta la fecha, con suficiente convicción, la relación de causalidad que existe entre la madre de Silo y la paz con los árabes. La frase en cuestión dice así: "Con España tuvo paz, a causa de su madre". Esta España significa en el contexto de las crónicas asturianas de ese momento tanto la totalidad del territorio peninsular que estuvo gobernado por los visigodos y fue ocupado por los sarracenos, como la parte que aún quedaba en poder musulmán tras la rebelión ástur.

La Crónica de Alfonso III también deja constancia, en sus dos versiones, de la paz con los árabes, pero no la relaciona con la madre de Silo. Gran número de historiadores de este período, entre ellos el hispanista francés L. Barrau-Dihigo, siguiendo al historiador portugués Herculano (Historia de Portugal, 1871), han supuesto que la madre de Silo era musulmana. El citado Herculano ha sostenido que lo era la madre de Silo y que también lo debía de ser la de Mauregato, por lo que tanto uno como otro fueron elegidos por los mozárabes, que representaban en el Reino de Asturias, según él, la opción de la conciliación e incluso la fusión con lo árabe, frente al espíritu visigodo que predicaba la lucha a ultranza contra el infiel. Sin embargo, ningún testimonio confirma esa afirmación suya, que no pasa del terreno de la fantasía, ya que es insostenible la existencia de un partido mozárabe en el Reino de Asturias propenso al pacto y a la fusión. Por esas fechas, los mozárabes no tenían apenas ninguna influencia, que se sepa, en el Reino de Asturias y cuando años más tarde la tuvieron fueron los más fieles conservadores de la tradición visigoda y partidarios de la reconquista.

Historiadores más modernos, como Luis G. Valdeavellano, han insistido sobre el origen bastardo de Silo, a quien hacen hijo de una musulmana. Pero en contra de este supuesto se puede argumentar que cómo entonces casó con una princesa, o bien, quién era su padre para que aun siendo hijo de una musulmana se moviera en los círculos de la corte. Tampoco tiene fundamento que su madre fuera una pariente de Abd al-Rahmán I, ya que se vuelve a plantear la misma pregunta, ¿quién fue el padre de Silo para que Abd al-Rahmán le diera en matrimonio una mujer de su círculo familiar? La frase de la Albeldense sobre la madre de Silo es, como la calificó Sánchez-Albornoz, "tortura y placer de los historiadores". Tortura "por el misterio que encierran tales palabras" y satisfacción "porque ese misterio les permite dar vuelo a la imaginación en la búsqueda de una cualquiera explicación verosímil. Él, sin embargo, confiesa su Incapacidad para brindar al lector una conjetura medianamente aceptable. Nada garantiza que su madre fuese árabe como han pensado algún gran historiador y algún gran erudito [se refiere a los citados Herculano y Barrau-Dihigo]. ¿Es verosímil que el padre de Silo, un hombre de la primera mitad del siglo VIII, se hubiera casado con una dama islamita de tan noble estirpe como para pesar en las decisiones de Abd al-Rahmán y haberle apartado de atacar a Silo? Menos lo es aún que una cautiva musulmana elevada a su tálamo por el padre del marido de Adosinda hubiese logrado detener la espada del poderoso emir. ¿Cómo? ¿Cuándo? Vuelvo a confesar mi falta de imaginación para descifrar el enigma. Porque tampoco acierto a idear cómo pudo lograr tan importantes resultados la madre de Silo si hubiese sido una cristiana, tras el nacimiento de su hijo, ora cautivada por algún musulmán ora de alguna manera llegada a su tálamo" (Estudios críticos sobre la historia del Reino de Asturias).

A lo que parece, al igual que Aurelio, Silo no acometió ninguna campaña contra territorio bajo control musulmán porque estuvo absorto en otras cuestiones internas, y Abd al-Rahmán I, también, seguía bastante acuciado por los conflictos internos y las amenazas externas como para dirigir sus miras al Reino de Asturias. El emir árabe no consiguió terminar con la revuelta del Fatimí hasta el 777. Ese mismo año tuvo que oponerse al intento liderado por Abd al-Rahmán ibn Habib al-Fihri, que desembarcó en el litoral de Murcia, de recuperar España para el califato de Bagdad. En 778 hubo de hacer frente a nuevos brotes de rebeldía. Y para colmo, en 778, el rey franco Carlomagno penetró hasta Zaragoza, ciudad que mantenía una actitud rebelde frente a Abd al-Rahmán I y con la que el rey franco había negociado su entrega. Carlomagno ocupó inicialmente Pamplona pero cuando llegó frente a Zaragoza, su aliado en la ciudad había sido expulsado y ésta le cerró sus puertas, ante lo cual hubo de retirarse. De vuelta mandó derribar las murallas de Pamplona Es éste el primer documento original que se conserva de la época de Reino de Asturias. pero cuando su retaguardia pasaba por el desfiladero de Roncesvalles fue aniquilada por los váscones y en la rota murió uno de sus pares, Roland, episodio que dio tema a la famosa composición épica francesa, la Chanson de Roland, en la que son los musulmanes los que tienden la emboscada a los francos. No obstante el fracaso de la expedición de Carlomagno en esa ocasión, la acción suscitó la inquietud de Abd al_Rahmán I, que en 781 dirigió personalmente una campaña por el valle del Ebro para castigar a los rebeldes de Zaragoza.

En tales circunstancias se entiende que los ejércitos musulmanes no hayan prestado atención al Reino de Asturias. Bastante tenían ya, se puede decir. Silo, por su parte, habida cuenta de que una amplia tierra de nadie se interponía entre sus dominios y los musulmanes, no se vio en la necesidad, o no tuvo la voluntad suficiente, para emprender nuevas campañas por tierras cada vez más lejanas de su Reino. No atacando evitaba ser respondido. Esa inactividad bélica no implica, en modo alguno, que hubiera suscrito ningún acuerdo de paz con los árabes. Y mucho menos que explicación de esa paz -o ausencia de guerras- con los árabes se debiera a la madre de Silo. Pero quizás, vista desde la óptica de unos cronistas que escriben durante el reinado de Alfonso III, un siglo después, cuando estaba en su máximo auge el ideal de reconquista de los territorios tomados por los árabes en 711, en medio de continuas luchas con las tropas musulmanas, que todavía en 882 y 883 se acercaron hasta León, la ausencia de enfrentamientos con los árabes no es comprensible. De hecho, parece que en su escueto y lacónico relato, las crónicas asturianas del ciclo de Alfonso III son como la respuesta a un cuestionario mínimo en lo que se refiere al reinado de cada rey, y que en él una de las respuestas obligada era la de sus luchas con los musulmanes. Pelayo, Alfonso I y Fruela tuvieron muchas guerras contra ellos, Aurelio, Silo y Mauregato no; Bermudo, Alfonso II, Ramiro I y Ordoño I volvieron a luchar contra los árabes. Fávila, "por lo escaso de su tiempo, no hizo nada digno de la historia". Y qué era lo digno de la historia, según su criterio, pelear contra los sarracenos.

Galicia nuevamente rebelde

También Silo tuvo que hacer frente a conflictos intemos. Nuevamente "Galicia se le rebeló", según cuenta la Rotense. La versión Sebastianense dice que fueron Ios pueblos de Galicia". Como es habitual, las crónicas no fechan este enfrentamiento con los gallegos, del que dan cuenta tras mencionar que tuvo paz con los "ismaelitas", uno de los variados nombres con los que los cronistas se refieren a los musulmanes. Luis G. Valdeavellano (La época del rey ástur Silo y el documento del año 775) supone que el levantamiento gallego debió de ocurrir en los primeros meses del reinado de Silo, ya que en agosto de 775 realiza la donación de las tierras para la fundación del monasterio de Lucis, y no le "parece probable que Silo se hubiese decidido a fundar un monasterio en un territorio cuyos pobladores se hallaban en rebeldía contra la autoridad real". No parece argumento de suficiente entidad, porque la rebelión pudo ser posterior a la donación, ya que Silo reina hasta el año 783.

La Crónica Albeldense no menciona la revuelta de los gallegos. La Rotense lo hace en los siguientes términos: "Cuando Galicia se le rebeló, la venció tras entablar combate en el Monte Cubeiro (monte Cuperio) y la sometió a su in-iperio". La Sebastíanense refiere: "A los pueblos de Galicia que se rebelaron contra él los venció en combate en el Monte Cubeiro (monte Cuperio) y los sometió a su imperio". No sabemos si esa variante de Galicia por los pueblos de Galicia es una mera corrección estilística por parte del erudito cronista de la Sebastianense o implica que no fue toda Galicia la que se rebeló. El monte Cuperio en el que tuvo lugar la batalla lo identificó el canónigo de la catedral de Santiago de Compostela Antonio López Ferreiro en la parroquia de Montecubeiro, en el municipio de Castroverde, al oriente y cerca de Lugo. Hay en ese lugar dos castros. Muy posiblemente Silo llegó hasta allí avanzando por la vía que desde Lucus Asturum conducía a Lugo de Galicia, a la que ya hemos hecho mención que discurría unos diez kilómetros al sur de Pravia, y que debía entrar en Lugo por Fonsagrada. Este itinerario es más lógico que el propuesto por otros autores que hacían bajar a Silo hasta León y entrar en Lugo por O Cebreiro. La victoria de Silo acabó con la revuelta y estableció una paz que parece fue duradera, pues hasta el reinado de Alfonso III no se tienen noticias de nuevas rebeliones.

La iglesia de Santianes y la piedra laberíntica

Silo construyó una iglesia dedicada a San Juan en el lugar hoy conocido como Santianes que llegó hasta nuestros tiempos seriamente transformada, pero conservando elementos de su fábrica original. El jesuita cangués P. Luis Alfonso de Carvallo, autor de la primera historia general asturiana a comienzos del siglo XVII, nos dejó una interesante descripción de la misma, ya que por entonces no se habían realizado las intervenciones que alteraron sustancialmente su planta y estructura. Éstas tuvieron lugar en 1637 (derribo de la capilla mayor) y en el siglo XIX (ampliación del crucero en 1836 y derribo y reconstrucción de la fachada oeste en 1868). Fortunato Selgas estudió la iglesia a comienzos del siglo XX y propuso una reconstrucción de la planta primitiva aceptada hasta que en 1975 las excavaciones llevadas a cabo en la iglesia, con vistas a su restauración, aportaron nuevos testimonios. Dirigida la restauración por José Meriéndez-Pidal y Álvarez, éste no estuvo a pie de obra cuando se procedió a excavar todo el edificio, labor que se realizó sin dirección arqueológica.

Con los datos obtenidos, Menéndez_Pidal propuso una nueva planta basilica con tres naves, separadas por pilares, crucero no destacado en planta, pórtico cuadrado a los pies, con una habitación lateral al lado sur, y cabecera semicircular única. Esta última cuestión ha sido la más sorprendente, ya que la descripción del P. Carvallo aludía a una capilla mayor y dos colaterales, es decir, cabecera tripartita como era característica en las iglesias posteriores del arte asturiano.

La planta propuesta ha sido generalmente aceptada, pero subsisten muchas dudas sobre varios aspectos de la misma, sobre todo en lo que se refiere al pórtico, la habitación lateral, la posible existencia de una torre, la contemporaneidad de la tribuna a los pies, y el exterior de la cabecera, si circular o cuadrado. El interés que esta iglesia tiene desde el punto de vista artístico no lo vamos a descubrir ahora a nadie, pero no es este lugar para entrar a detallar las discusiones que los especialistas en arte sostienen sobre la reconstrucción de la planta y las influencias que tanto ella como los elementos decorativos recuperados revelan. De éstos destaca especialmente el antiguo altar, de carácter exento, formado por una mesa de 151,5 cm de longitud, 99 de anchura y 9 de grosor que apoya sobre un pilar de sección cuadrada (43,5 x 40) en su parte superior, que encaja en la mesa, y octogonal en el resto. Sobresalientes son igualmente dos tableros de cancel, con decoración geométrica a base de círculos y cuadrados de lados curvos, enmarcados por barroteras decoradas con tallos de vid con racimos y pámpanos. Tal decoración es reconocida como de tradición visigótica, lo que unido a la planta, hizo afirmar a Javier Fernández Conde y M. C. Santos Valle ("La corte asturiana de Pravia. Influencias visigodas en los testimonios arqueológicos", en Boletín del IDEA), que en la basílica de Santianes "tenemos, sin duda, el eslabón o punto de convergencia entre la arquitectura y la cultura hispanovisigoda y la característica de la época del prerrománico asturiano, aunque en este mundo cultural nuevo, el de los monarcas de Oviedo, incidan ya otras corrientes distintas y foráneas". Concluyendo que Santianes "constituye, por lo tanto, el primer hito de esas tendencias neovisigóticas que andando el tiempo, durante el reinado de Alfonso II (792-842) [sic] y de manera especial a lo largo del mandato de Alfonso III el Magno (866-910) se convertirán en justificación ideológica de determinados proyectos y situaciones políticas".

La realidad es mucho más compleja y no permite realizar conclusiones tan simples, de tanto alcance político y cultural, ya que tanto la iglesia de Santianes como los elementos decorativos y los epigráficos revelan, según César García de Castro (Arqueología cristiana de la Alta Edad Media), unas influencias y vinculaciones más variadas, entre ellas construcciones paleocristíanas anteriores a las propiamente visigodas, así como un parentesco con lo hispanovisigodo en lo decorativo. La filiación y los préstamos de todas esas tradiciones no sabemos si proceden exclusivamente del exterior o si existían ya antecedentes en la comarca o en otras partes de Asturias. Otro de los estudiosos del arte de la monarquía asturiana, Víctor Nieto Alcaide (Arte prerrornánico Asturíano) ha puesto en relación la técnica constructiva de Santianes con la de la iglesia de San Pedro de Veranes, constatación que no se desvirtúa por el hecho de que ésta haya sido en origen una villa romana. Lo que evidencia es la vigencia de una tradición constructiva romana, documentada en Veranes, en la iglesia de Santianes. La profundización en el conocimiento de la etapa romana en Asturias y sobre todo la de los siglos de dominio germánico posiblemente rebaje el carácter sorprendente de algunos de los elementos constructivos y decorativos de Santianes. Porque, lo que es evidente una vez más, es que la Asturias que dio asiento a la monarquía fundada por Pelayo y alentada por sus sucesores no era, en modo alguno, un páramo cultural, ni una retardataria sociedad apegada a tradiciones anteriores a la conquista romana.

Nuevas pruebas del nivel cultural alcanzado en los ámbitos cortesanos de la monarquía asturiana nos lo proporciona la inscripción laberíntica, que pregona el patronazgo de Silo sobre la iglesia de Santianes, y que se hallaba originalmente, al parecer, sobre el arco que daba acceso desde la nave al crucero. Está tallada en una piedra caliza blanca y es un prodigio de habilidad técnica y de originalidad. Está formada por 15 filas horizontales y 19 verticales que dibujan un damero de 285 casillas, y contiene en el centro la "S" inicial del texto y en las cuatro esquinas las 'T' finales. El texto dice: Silo princeps fecit (lo hizo el príncipe Silo), y se lee desde la "S" central siguiendo tramos rectos o en ángulo recto hacia la periferia. Según el P. Carvallo, se lee más de doscientas cincuenta veces. La S inicial de Silo ocupa el centro y sólo está escrita una vez, pero el resto de las letras que componen la frase van formando rombos concéntrícos, de los que los siete primeros (correspondientes a i-l-o-p-r-i-n) son cerrados y el resto abiertos. El número de veces que cada letra está escrita va aumentando en progresión aritmética en los rombos internos que corresponden a "ilo prin" (4, 8, 12, 16, 20, 24 y 28), repite el 30 la "c" y "e" siguientes, y se reduce en progresión aritmética desde la "p" segunda de princeps hasta el final, pasando de 28 a 4.

Según Díaz y Díaz, la disposición del texto "evoca la dirección de los cuatro puntos cardinales, que son a la vez representación de los cuatro ríos del paraíso, fluye de un centro que viene a ser el nombre del rey. Todo apunta a una iglesia o centro de culto, a la que va especialmente bien la mención del título de princeps por parte del oferente.

Por otro lado, digamos que la inscripción representa una buena adaptación de estos artificios, cuya ejecución supone gran pericia y llamativo dominio de los recursos geométricos. Desde este punto de vista, hemos de considerarla a la vez como alarde que garantiza una vez más los conocimientos de su autor, y como una excelente muestra de lisonja y admiración al príncipe reinante" (Manuel C. Díaz y Díaz, "La cifra del rey Silo en Santianes de Pravia", en Asturias en el siglo VIII La cultura literaria). Tal inscripción, concluye Díaz y Díaz, no fue resultado de la casualidad ni deberse al solo ingenio de algún clérigo asturiano, pero se desconocen los mecanismos de cómo llegó aquí, pues los únicos precedentes conocidos son unos mosaicos de Orléansville (Argelia). El ingenio tuvo mucho éxito y como escribe el P. Carvallo, "se halla en muchos libros antiguos, y en algunos con otras nuevas invenciones, que después le fueron añadiendo".

La Monarquía Asturiana - La Nueva España